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Puerto Octay Un Lugar Típico Chileno. |
Su conformación, arquitectura y tradición, testimonios de la colonización alemana, fueron las principales consideraciones del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) para declarar zona típica el área de mayor valor histórico de Puerto Octay. La resolución fue unánime.
El espacio declarado abarca un poco más de 23 hectáreas, en las que están las calles Pichijuan, Independencia, Pedro Montt, La esperanza, German Wulf, Urmeneta, Amunátegui y San Agustín. Allí se encuentran, entre otros inmuebles, la Parroquia San Agustín, construida en 1908, desde la cual es posible dominar la vista del entorno; La Casa Wulf Nº2, de 1925, ubicada en una esquina de la Plaza de Armas; el antiguo Hotel Universal, hoy Hotel Haase y la Casa Niklittschek, que actualmente alberga la biblioteca municipal y el museo el colono de Octay.
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Un Lugar Para Visitar en Estas Vacaciones de Invierno. |
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A fines del siglo XIX en Santiago comenzó a surgir la inquietud de construir un zoológico para Chile. Por esos años, la Quinta Normal fue escenario de algunas exposiciones de animales exóticos y proyectos de jardín zoológico; pero recién en 1921, Alberto Mackena, Intendente de Santiago, junto con el profesor y entomólogo Carlos Reed, iniciaron una campaña para obtener el financiamiento y el terreno para construir un Jardín Zoológico Nacional.
Y tuvieron éxito, porque el 1 de septiembre de 1925, el Presidente Arturo Alessandri Palma dictó el Decreto Supremo que destinó 4,8 hectáreas de los terrenos del Cerro San Cristóbal para su construcción.
A fines de ese mismo año, se traspasaron algunas especies desde el zoológico de la Quinta Normal y se trajeron otros setenta animales de los establecimientos de Mendoza y Buenos Aires. Algunos de los primeros habitantes del Zoológico fueron un camello, ovejas de Somalía, dos boas, guacamayos y un papión.
La inauguración oficial fue el 12 de diciembre de 1925 en una ceremonia encabezada por el Vicepresidente de la República, Luis Barros Borgoño, y como primer director del parque fue elegido Carlos Reed.
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Toma esta crónica como una pequeña degustación, como una invitación abierta, casi como una tentación a descubrir un lugar de la IV región que se pierde ante la magnificencia y publicidad de otras zonas. Vecino al valle del Elqui, cercano a La Serena y a Ovalle, el desconocido Valle de Río Hurtado, extensísima comuna de 113 kilómetros de ancho y que abarca poblados como Samo Alto, Pichasca o Hurtado, el mejor queso de cabra de la zona, zonas arqueológicas importantísimas, recién muestra sus espectaculares atributos.
Olvídese de encontrar algún ?pub?, la noche acá sigue siendo noche y los habitantes de esta zona amanecen con el sol perfecto que cubre más de 300 días al año y con el río Hurtado, que bautiza a la zona, fresco y puro.
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Es otoño y la niebla invade las calles vacías de Las Cruces. Sólo unos pocos locales, las botillerías y juego de video tan clásicos del estilo playero, sobreviven al cese de la vorágine que invade al Litoral Central cada verano.
El desaparecimiento de las masas veraniegas le da más brillo a Las Cruces. La tranquilidad hace que sus vecinos retomen la cordialidad, que el aire marino resurja de manera potente, que el rumor de las olas supere a la de los pocos autos que andan por sus ondulantes callejuelas. El epicentro del lugar es la playa Chica o de Las Cadenas, por los enormes eslabones de acero unidos que separan las arenas de una pequeña costanera
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